Jesucristo es la Puerta al reino de Dios. Él nos ha
dado testimonio del amor de Dios para toda la gente.
Tenemos el llamado a incluir en nuestras vida a gente
de todas las clases y condiciones, sin limitarse a ninguno en particular, ya sean creyentes o agnósticos, cristianos conservadores,
liberales, escépticos, homosexuales, heterosexuales, mujeres, hombres, transexuales, esperanzados y desesperanzados, a todas
las razas y culturas, sin imponer la necesidad de ser como nosotros.
La manera en que nos tratamos unos a otros es más importante
que la manera en que expresamos nuestras creencias. Cristo nos lleva a luchar por la justicia y la paz entre la gente, viviendo
siempre con amor y esperanza. Dios nos creó para ser su imagen en el mundo. Todo lo que somos, incluyendo nuestros cuerpos,
nuestra sexualidad, es un regalo de Dios para nosotros.
En Jesucristo encontramos una nueva humanidad, que está
definida a través de su vida y su ministerio. Jesús hizo saltar los esquemas religiosos de su época, los tabúes, las normas
legales y los grupos sociales. Él anunció la venida del reino de Dios, que incluiría a prostitutas, leprosos y a todos los
marginados. Repetidamente expuso la falsa superioridad de quienes se sentían dignos, mientras que daba la bienvenida a los
que fueron vistos como sin valor. Jesús no solamente predicó al Dios verdadero. También combatió y desenmascaró toda imagen
falsa de Dios y de la religiosidad.
El evangelio de Jesús más allá de iglesias y denominaciones.
Él dice " Tengo otras ovejas que no son de este redil; es preciso que la guié también, y oirán mi voz; y habrá un solo rebaño,
y un solo Pastor" (Juan 10:16). Aún más allá Él nunca mencionó, mucho menos condenó, la homosexualidad; más bien afirmó la
dignidad de las relaciones que honraban a Dios y a las personas.
El seguidor de Jesús se sorprende cuando
descubre la cercanía, la fuerza, la "debilidad", la libertad y la comprensión del Dios de Jesús, frente a la intransigencia,
la lejanía, la severidad y el castigo del Dios de las instituciones religiosas. El Dios de Jesús suprime mediante el amor
-es decir por el perdón, el servicio y la renuncia- las fronteras naturales entre compañeros y no compañeros, lejanos y próximos,
hombres y mujeres, amigos y enemigos, buenos y malos.
A través de Jesús los que parecían buenos, no lo son;
los que parecen malos son bendecidos.
La pecadora que se arroja a los pies de Jesús queda
justificada, mientras que el fariseo, dueño de la casa, queda desacreditado (Lucas 7:36--50).
No condena a la mujer adúltera, pero los acusadores
presentes huyen avergonzados (Juan 8: 1-11).
Los despreciados publicanos y las prostitutas son puestos
por delante de los fariseos (Mateo 21: 31).
No se pone de ejemplo al sacerdote ni al levita, sino
al samaritano, siempre mal visto por los judíos (Lucas 10: 30-37).
La alegría de los ángeles es mayor por un pecador que
se arrepiente que por noventa y nueve justos que no necesitan penitencia (Lucas 18: 10-14).
El hijo prodigo, que se fue de la casa y malgastó la
herencia, es preferido al "bueno" que se quedó con el padre (Lucas 15: 12-32).
Para Jesús el fariseo sale sin justificarse, mientras
que el publicano es bien visto por Dios ( Lucas 18: 10-14).
Los jornaleros que no habían sido contratados durante
todo el día son llamados a la viña y reciben por la misericordia del dueño un salario igual al de los que empezaron a trabajar
desde temprano
Homosexuales y heterosexuales,
¿ diferentes ante Cristo?
Un tema importante del Nuevo Testamento es la libertad
que se ha hecho posible a través de la fe en Jesucristo.
La vida de Jesús y su ministerio son la base de nuestra
convicción de que Dios nos crea con la capacidad de intimidad y comunión con otros, tanto física como espiritualmente. La
sexualidad es un regalo de Dios para ser integrado totalmente en nuestras vidas y expresado en un amor que honre a Dios, el
dador del regalo, y a los seres humanos -los recipientes del regalo- sin importar su orientación sexual.
A diferencia de un mundo lleno de prejuicios, que nos
rechaza, Jesús dice que somos amados, valuados, redimidos y contados como preciosos.
Cuando nos expresamos sexualmente en maneras que son
amorosas y justas, dignas y responsables, entonces podemos estar convencidos que Dios celebra nuestra sexualidad, cualquiera
que nuestra orientación pudiera ser.
"Ya no importa ser judío o griego, esclavo o libre,
hombre o mujer, porque unidos en Cristo Jesús ustedes son uno solo" (Gálatas 3; 28).
Jesús desenmascaró el sometimiento del hombre en nombre
de Dios y presentó al Dios que se acerca en gracia, al Dios que se da porque es amor, porque Él así lo quiere, gratuitamente.
Jesús nos muestra un Dios en medio de los seres humanos, en la vida diaria .
La libertad del Evangelio hace posible una moralidad
más alta, no legislada por códigos, sino guiada por el testimonio de amor y justicia ejemplificado en Jesucristo.
Ahora, al estar conscientes de que nuestra orientación
sexual no es un pecado en si mismo, te invitamo s a caminar en gracia, descubriendo como Dios aparte de Su amor nos ofrece
la vida eterna por medio de Jesucristo.